El APU no parte por el precio: parte por la cuadrilla
Es común ver análisis de precios unitarios armados al revés: se parte de un precio conocido —de otra obra, de otro año, de otro clima— y se rellena la planilla hacia atrás para justificarlo. Esa planilla puede verse impecable y estar completamente equivocada. El APU no parte por el precio. Parte por una pregunta de terreno: ¿con qué cuadrilla, con qué equipos y a qué ritmo se ejecuta esta partida, en este lugar?
Un ejemplo real: excavaciones para un BESS en el desierto
En la propuesta de obras civiles para un sistema de almacenamiento en la Región de Tarapacá, la partida de excavación y compactación de sello sumaba 679 m³ repartidos en decenas de fundaciones menores: PCS, skids de media tensión, salas eléctricas, transformadores auxiliares, tableros. No es el volumen lo que manda ahí; es la dispersión. Excavar 679 m³ en una sola zanja es un trabajo; excavarlos en 80 puntos distintos separados por cientos de metros es otro.
La cuadrilla quedó definida así: un supervisor civil compartido con otras partidas (0,625 hombre-mes en esta), un operador, dos maestros. Maquinaria: retroexcavadora por 0,6 mes-equipo, en vez de una excavadora de 20 toneladas que habría estado la mitad del tiempo detenida entre fundación y fundación. De esa definición —cuadrilla, equipo, rendimiento esperado en ese terreno— sale el precio unitario. No al revés.
El método constructivo es el costo
Antes de valorizar, hay que escribir cómo se va a ejecutar. En esa misma obra: rellenos con base estabilizada en capas de 25 cm, compactadas con rodillo de doble tambor a razón de 5 pasadas por punto, verificación de compactación con densímetro nuclear, replanteo topográfico con registro de cotas antes, durante y después de excavar. Cada una de esas frases es un recurso en el APU: el rodillo, el topógrafo, el laboratorista, las horas de espera entre capa y capa. Si la metodología no está escrita, esos costos no existen en el papel — y aparecen igual en la obra.
Un APU que no se puede leer como instructivo de terreno es una lista de precios, no un análisis.
Lo que el APU debe absorber sin reclamar
En contratos a suma alzada, las cantidades pueden moverse por condiciones de terreno sin que cambie el precio. La práctica razonable —y así lo dejo escrito en las propuestas— es fijar un umbral: variaciones producto de actualización de la ingeniería iguales o superiores al 10% de las cantidades originales abren la conversación de precio y plazo; bajo ese umbral, el APU las absorbe. Para que las absorba de verdad, el rendimiento con que se calculó tiene que ser honesto. Un APU optimista es una deuda que se cobra en ejecución.
Tres errores que se repiten
- Copiar precios entre obras incomparables. El mismo m³ de excavación no vale lo mismo en Santiago, en Chillán y a 1.100 msnm en el desierto, con ropa ignífuga obligatoria y campamento.
- Cargar la supervisión completa a una sola partida. El supervisor que atiende cuatro frentes se prorratea; si no, hay partidas caras y partidas subsidiadas, y las dos distorsionan la oferta.
- Olvidar las leyes sociales y los elementos de protección. El valor hombre-mes que se usa en el APU es el costo empresa, no el sueldo líquido. La diferencia en Chile no es menor.
El APU bien hecho tiene un subproducto que vale tanto como el precio: cuando la obra se gana, la planilla se convierte en el plan de recursos. La cuadrilla que se costeó es la que se moviliza. Esa continuidad entre estudio y ejecución es, en mi experiencia, la diferencia entre las ofertas que se defienden solas y las que se empiezan a renegociar el primer mes.
¿Está preparando una oferta?
Desarrollo propuestas técnicas y económicas para licitaciones de construcción de proyectos de energía en Chile.
Conversemos por WhatsApp